Aquella noche Álvaro no pudo dormir… en su interior se libraba una lucha a muerte entre su conciencia más racional y su espíritu libre. Los agudos rayos del amanecer entraban a hurtadillas entre las cortinas… ya no podía demorarlo más, tenía que levantarse y hacer frente a su realidad.
En poco menos de una hora debía acudir a su nuevo trabajo, un cómodo empleo en una prestigiosa entidad bancaria: buen horario y mejor sueldo. Sin embargo, lo que para muchos hubiera sido un sueño, para Álvaro era poco menos que una pesadilla: debía quitarse los piercing que le habían acompañado desde hacía más de diez años, ya no podría destacar sus ojos con el eyeliner negro, y por supuesto debía olvidarse de la ropa negra de cuero.
Despacio y como si cada roce con el tejido le infligiera un terrible dolor, Álvaro se puso el traje de chaqueta azul… se sentía incómodo con aquel disfraz. Ya en la puerta, dispuesto a salir, un escalofrío le paralizó y le recorrió de arriba abajo: tuvo la certeza de que aquel traje le mataría…



Buen micro, Angeles, con un final muy estrujante. Felicitaciones y mi voto.
Muchas gracias, Vimon, siempre tienes buenas palabras para mis relatos. Un beso
Enhorabuena Ángeles, dan ganas de seguir leyendo la historia…
Muchas gracias, Antoniosib. ¿Leíste mi microrrelato “Portada y Casi Portada: la reconciliaciòn”?, en él te cité sin permiso… Un abrazo
Lo que tenemos que hacer para trabajar!! buen micro Angeles. Un abrazo!!
Hola Soraya. Me acabo de apuntar a tu blog, y veo que tienes mucha experiencia…. ¿tal vez te podría hacer alguna consulta….? Tengo un blog desde hace poco y estoy un poco perdida.
Muchas gracias por tu apoyo, Un beso
Honor que me haces Angeles, la verdad es que tampoco tengo mucha experiencia. Pero si te puedo ayudar en algo, yo encantada.
De hecho añadí tu blog a mi lista para no perderlo, antes de ver este comentario. Me puedes escribir a este correo: [email protected] siempre que quieras. Un abrazo!! Nos leemos!!.
Me gusta la idea de esa muerte “metafísica”, la del hombre domesticado, la del hombre que sigue las convenciones sociales para sobrevivir.
¡Buen micro, Ángeles!
Muchas gracias, Julieta. Un abrazo