
A Pablito le dieron un buen baño esa mañana y lo vistieron con sus mejores galas. Un ropón de bautizo era lo más adecuado pues no todos los días podían retratarlo y esa ocasión era muy especial para toda la familia. Todo debía salir del mejor modo.
El fotógrafo llegó a casa de Pablito. Serían las diez y ellos los primeros clientes del día. Colocaron al niño frente a la cámara, recostado desnudo sobre un almohadón; el fotógrafo dijo que así el retrato tendría un toque más natural. A duras penas los convenció. La criatura parecía dormir plácidamente; esa postura se convertiría sin duda en un retrato enternecedor y valioso recuerdo familiar.
Apenas terminó el fotógrafo con su trabajo, llegó el padre de Pablito con un cajón donde colocaron el cuerpecito del pequeño, vestido de nuevo con su ropón de bautizo. Lo enterraron al atardecer pero al menos gastar el salario de una semana les garantizaba conservar un grato recuerdo de su hijo.



! Buenísimo Lot Alkelf felicitaciones! Tu microrrelato me recordó una historia que paso cuando yo era pequeña, en un pueblo vecino.
Continua…
Gracias.
En realidad, me base en una costumbre del siglo XIX y primeros años del XX: La fotografía post-mortem; es algo curioso porque al mismo tiempo es macabra y bella, especialmente los retratos tomados cuando esa costumbre se puso de moda —De hecho, la foto de mi relato es un retrato post mortem real—. Los retratos de 1890 en adelante ya eran demasiado crudos.
Opino que “El retrato de Pablito” expone, con fina ironía, una sutil crítica a ciertos sectores de la sociedad, en la proyección que desean ofrecer ante los demás.
Creo que uno de sus aciertos, es evidenciar ciertas prácticas que, aunque parezcan macabras o insólitas, no es raro hallar, por ejemplo, en algunos lugares rurales de Latinoamérica.
Buen micro
Saludos!
Excelente micro, se me heló la sangre. Gracias por compartir.
Lot Alkef: amigo, te felicto por este éxito. Excelente, como dice Nanky. Es un gran placer leerte..
Atentamente
Volivar (Sahuayo, Michoacán, México)