Jamás recordó lo que estaba soñando. Creyó que su hermana le había puesto, como broma, gel en la entrepierna. La mano derecha estaba inconscientemente bajo el calzón cuando Doña Susana, la madre de Raymundo, lo llamó para el desayuno. No era ni las siete de la mañana cuando él ya pensaba en aquello que lo hacia vibrar, un fuerte entorpecimiento del cuerpo con una cálida sensación genital. Durante aquél frío desayuno de noviembre, al ver dos huevos estrellados y una tira de tocino en el medio de estos, supo que no había sido gel, y supo también cómo y qué hacer para sentir más fuerte la sensación genital con la ayuda de su torpe y apaciguado cuerpo, en especial las manos, y solucionar los estragos corporales que sentía desde meses atrás. El saber le llegó como por arte de magia, pero todo vino del sueño que no recordaría nunca. Después de la escuela, con la privacidad de su cuarto oscuro, el poder mental para concentrarse en lo que deseaba y sobre todo, en las caricias de su cuerpo tangible, más tangible que nunca, sus ojos se blanquearon, su pulso se aceleró y el pie derecho vibró con mesura y a la vez con violencia. Raymundo, naturalmente, sintió que había hecho el más grande descubrimiento a sus cortos y a la vez largos años. Años que recién inhabilitaban a sus diez dedos para contarlos. Al poco tiempo Doña Susana se preguntaba sin buscar respuesta los porqués de su hijo: por qué espiaba mucho a su hermana mayor mientras esta sonreía con su novio; por qué duraba horas en el cuestionable baño; por qué de pronto su colchón se manchó sempiternamente de leche, y qué pudo haber sido tan bueno como para perder a un hijo de once años tras un clásico desayuno después de un clásico sueño.
El secreto de Raymundo
8 Comentarios



Juliioko: yo adivino el secreto de Raymundo… claro que lo adivino.
Te felicito, eres maestro en esto.
Atentamente y con toda mi admiración (mi voto, por la calidad narrativa).
Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán,México
Usted solo alimenta mi ego literario, pero sin embargo soy un sadomasoquista literario, a quien le encanta que le digan que sus cuentos apestan. Supongo que me lo diran cuando sea necesario, mientras, a seguir dandole y agradecer por las felicitaciones y su voto, y su agrado por supuesto, que me enorgullece gustarle a alguien (o algunos) y hacerme saber que no pierdo el tiempo solo, que otros pierden noblemente tambien su tiempo dandose el lujo de disfrutar y ser disfrutado.
saludos, y de nuevo gracias por leerme y por todo, que sus comentarios me han motivado
Mi estimado Julioko: dicen que el arte no se debe explicar, sin embargo, como esta es una red muy propicia para ensayar y aprender voy a tratar de explicar el papel de Luis en este relato. Como veras, yo acomode en el texto varias referencias indirectas a la muerte, e incluso al mismo demonio. La medida y el peso de la figura dan 666, que es el numero del diablo. Luis es un joven delgado, alto, palido y taciturno (otra imagen de la muerte), que la invita a escuchar el Requiem (musica de muertos) de Mozart, quien como se sabe murio mientras componia esta obra. Si era la primera vez que Luis la invitaba a salir de noche no creo que tenga mucha importancia. Satisfecho?
ResponderVIMON
Satisfecho? Uhmmm, pues algo… jaja Aunque mas que a la muerte, Luis me recuerda a Michael Jackson jaja de cualquier manera, te sigo leyendo, escribes muy bien, y yo muy mal.
saludos y gracias por leerme, si es que lo hiciste.
Muy buen micro, una redacción fantástica sobre un tema que ya por si sólo es un secreto.
Gracias compañero, un saludo. Me gustó.
No, al contrario: gracias a ti por leerme, por tu voto, y por tomarte el tiempo de comentar.
Te leo.
Muy sutil, muy elegante y al mismo tiempo muy claro. Voto!
Gracias por los adjetivos calificativos, pienso que ya necesitaba que alguien calificara algo de mi material.
Gracias por tu voto y por leerme
saludos