Me levanté a la misma hora que siempre, me vestí, desayuné y luego fui al instituto. Hasta ahí todo iba bien pero, cuando el reloj marcó la hora del recreo sonó la primera explosión. Todos los alumnos caímos al suelo, a continuación sonó otra explosión. Ambos ruidos habían provenido del gimnasio.
Los profesores alarmados nos pidieron que saliéramos rápido por la escalera de emergencia. Nosotros les hicimos caso y corrimos con todas nuestras fuerzas. Demasiado tarde, una tercera explosión sonó en el pasillo, el techo se derrumbó y aplastó a la mayoría de los alumnos. No tuvimos tiempo de reaccionar, una cuarta explosión sonó donde estábamos nosotros y ahí fue cuando perdí el conocimiento.
Cuando desperté, solo encontré los cadáveres de mis antiguos compañeros y profesores. Quise ponerme en pie, pero me fue imposible, mi pierna derecha había sido volada. Rendido por la frustración y el dolor, intenté apoyarme contra lo que quedaba de pared mientras me maldecía por haber nacido en un país en guerra.



