Tiró la sotana al río y se fue vistiendo con lo que encontraba a su paso. Lo habían descubierto y esta vez no iban a ser tan amables como lo habían sido. Marito era muy querido en el pueblo y aunque sabía que no tenía que hablar, “al final ese maldito policía…”
Lo encontraron agazapado entre los contenedores de basura. La nube de palos y todo tipo de armas se disipó lentamente después de que se acabaron los gritos. Salieron en todas direcciones como los rayos del sol y a la mañana siguiente el camión de la basura se llevó el resto.




Me ha gustado porque cuentas pocas cosas y nosotros nos imaginanos el resto. Enhorabuena y voto.
Un relato inquietante que me ha mantenido pegado hasta el final. Pero no sé donde me quieres llevar. Lo siento.