Frutos secos
11 de Diciembre, 2011 2
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Tenía algo de ardilla, por el color de su pelo y por su pasión por los frutos secos. Hubiera dejado plantado a George Clooney por un par de pipas. El roce de la cáscara tersa de una castaña la encumbraba a estados próximos al éxtasis que ningún amante llegó nunca a hacerle alcanzar. Destripaba nueces con delicadeza de princesa para paladearlas como el mejor de los manjares. No habías de extrañarte si se te ofrecía a cambio de unos pistachos. No habías de extrañarte si a la puerta del sanatorio la enfermera preguntaba si tenías algún fruto seco que declarar.

 

2 Comentarios
  1. Qué microrrelato tan divertido.
    Me ha gustado!
    Un abrazo,
    Luna

  2. C’est originale.

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