Tenía algo de ardilla, por el color de su pelo y por su pasión por los frutos secos. Hubiera dejado plantado a George Clooney por un par de pipas. El roce de la cáscara tersa de una castaña la encumbraba a estados próximos al éxtasis que ningún amante llegó nunca a hacerle alcanzar. Destripaba nueces con delicadeza de princesa para paladearlas como el mejor de los manjares. No habías de extrañarte si se te ofrecía a cambio de unos pistachos. No habías de extrañarte si a la puerta del sanatorio la enfermera preguntaba si tenías algún fruto seco que declarar.



Qué microrrelato tan divertido.
Me ha gustado!
Un abrazo,
Luna
C’est originale.