Todos parecían felices. Hablaban, reían, se abrazaban, y lo que es más difícil, sonreían cuando nadie les miraba, sonreían en ese instante fugaz en que nuestra cara pierde su carácter de máscara social para reflejar angustia.
-¿Qué pasará?- pensó Luisa - Tal vez ellos no sepan nada de la crisis económica, tal vez a ninguno le hayan bajado el sueldo, tal vez no tengan noticias del hambre en África, ni de tantos enfermos.
Luisa continuó llenando las copas de tan ilustres comensales. Se movía grácil y silenciosamente entre ellos escuchando sus animadas conversaciones y mirando con fascinación sus alegres semblantes. Ninguno de ellos advertía la presencia de la triste intrusa que repartía licores y canapés. Los rápidos y atareados pasos de Luisa trazaban caminos invisibles para los invitados.
Al terminar el ágape, todos aplaudieron y el anfitrión repartió unas divertidas gafas como recordatorio de tan memorable noche. Las gafas eran negras para dar un aspecto misterioso al portador, y tenían una inscripción en la patilla “Gafas para no ver” . Luisa robó unas para llevárselas a sus hijos. Al salir, se las puso y empezó a caminar sonriendo.
-Ahora lo entiendo todo- murmuró para sí.
Desgraciadamente, las gafas no pudieron evitar el dolor y la pobreza de los que la esperaban en su humilde hogar.




Muy buen micro. Muy indicativo de la ceguera voluntaria que acosa a la minoiria pudiente. Un abrazo y mi voto.
Muchas gracias, VIMON
Buena crítica, ¿sabes? creo que todos tenemos de ese tipo de gafas, pero son invisibles… Acertado y directo, me ha gustado. Mi voto lo tienes. Saludos.
Me gusto mucho!! . Abrazos!!
Gracias, Soraya. Para mí son importantísimos vuestros comentarios.
Aurora: eres maestra en esto de escribir bellamente; qué bien dibujas, en unas cuantas pinceladas, en este caso, esa situación, criticable, de los que todo lo tienen, pero que se olvidan de los otros, de los desamparados de la fortuna.
Mi puntuación, por supuesto.
Atentamente
Volivar
Gracias, Volivar.