Un torrente de vida sujeta la ventanilla del tren. Se deslizan gotas de agua que se atropellan en el contorno de los cristales. Tratan de adelantarse, por la izquierda, por la derecha, pero lo hacen sin mesura. Chocan las unas con las otras y forman hileras más largas. Algunas componen cordilleras líquidas que se deshacen en menos de un segundo. Fluctúan en veloces movimientos; aunque nadie sabe qué es de ellas cuando llegan al otro lado de la ventanilla, se diría que les espera algo muy bueno, por la prisa que se dan en alcanzarlo.
El tren va cada vez más rápido, está tomando su ritmo de crucero. Y las gotas sufren: cuanta más velocidad coge la máquina, más se les acorta el espacio. Ya no tienen tiempo ni de embestirse ni de atravesarse. Corren desesperadas, suicidas. Tratan de resolver al vuelo sus asuntos pendientes. El tren va demasiado rápido para ellas.
Un minuto más tarde ha salido el sol y no queda ni una sola gota en el cristal.



¡Bienvenido a Falsaria!
Gracias por compartir tu cuento con nosotros!
Un saludo,
El equipo de Falsaria.
Qué forma tan bonita de ver el movimiento de las gotas en el cristal!
Espero otro microrrelato tuyo.
Un abrazo,
Luna
Agradezco el interés de Luna y la oportunidad que nos brinda Falsaria para compartir nuestros escritos. Seguiremos leyendo y escribiendo.
Un abrazo
Una fotografía perfecta.
Captaste la belleza del instante efímero.
Gracias por la buena crítica.
Nos leemos
Me gusta la forma en la que has descrito algo tan sencillo.
Te leo por aquí
Me alegro de que te gustara esta breve narración y será un placer seguir tus escritos.
¡Saludos!
Lleno de movimiento e imágenes que pueden hacer que te montes en el tren.
Saludos
Muy original, enhorabuena tienes mi voto