Es increíble la influencia que puede ejercer un hermano. De niño estudiaba mi cara frente al espejo con la esperanza de parecerme a él. Con los años, los consejos se convirtieron en dictados, me hice adicto a su droga y luego delinquí para conseguirla.
Al principio, obtuvimos unos pocos billetes arrebatando carteras a mujeres pensionadas. Pero como no alcanzaba ideamos un golpe.
Un domingo a la madrugada tocamos timbre en la farmacia de Mary. Aún estaba dormida cuando abrió la puerta. Mi hermano sujetó sus manos y después tapó su boca con cinta de empaque. La maniatamos en una silla adentro del baño y nos dirigimos al local comercial. Estábamos a punto de llenar dos bolsas cuando vimos que había entrado un policía.
Estúpido, dejaste la puerta abierta, dijo mi hermano.
El policía sacó un arma y nos apuntó.
Quietos, contra la pared. Abran las piernas, dijo.
Yo pensé que lo primero que haría sería desatar a Mary, pero me equivoqué. Cruzó el local por detrás de nosotros hasta llegar al mostrador.
Quietos, contra la pared. No miren, gritó más fuerte.
El policía dio un par de pasos silenciosos, hasta que se oyó el timbre de la caja registradora.



Lamentablemente no me sorprendió el final, no porque este mal escrito el micro, sino porque el accionar policial es demasiado predecible. Bien escrito. Saludos
Gracias Vimon y Nanky, es cierto ya no sorprende la corrupción policial, gracias por compartir.
Interesante relato, Walter, con un final un poco predecible, pero bien desarrollado. Saludos