En el vertedero constante de su vida, había tocado fondo. Era eso. El cuartucho de la periferia donde vivía de prestado, los agujeros en las suelas en procura de trabajo, la soledad que le trajo el alcohol, la depresión que lo enterraba en un fango mugriento.
Dejó salir el gas del hornillo y vislumbró cómo ocupaba cada espacio libre del cuarto; cómo llenaba la alacena desierta, se extendía sobre las sábanas y penetraba en el armario derrengado.
Se quitó la ropa y decidió disfrutar de sus únicos amigos: un vino barato y un cigarrillo.
© Sergio Cossa 2012



Buen relato. Triste historia, pero mas frecuente de lo que imaginamos. Mi voto y un saludo.
Así es, VIMON, la sociedad actual no hace más que generar este tipo de situaciones en forma permanente.
Un saludo.
Muy buen micro, me permitió evocar a un vecino al que solo le resta la compañía de la muerte. Un gran saludo.
Es común encontrarlos en el fondo del pozo. Ojalá nadie llegara a esos extremos.
¡Un abrazo!
Pocas veces como tu caso cantidad es también calidad. Espero por más, saludos de un santafesino.
Gracias por tu comentario, Walter.
Un abrazo desde Río Cuarto, pero Rafaelino de nacimiento
Felicidades Sergio, buen micro. Lo bueno del fondo de los pozos es que podemos tomar impulso de ellos y solo podemos mirar hacia arriba. Un abrazo.
Es cierto, desde allí, solo es ir cuesta arriba, como dice Serrat.
¡Abrazo, Pedro!