Allí estábamos, mi café y yo, en aquel tren de alta velocidad, moviéndonos a 300 kilómetros por hora y con la sensación de estar parados. ¿Cómo es entonces que cuando cojo un café y tengo que andar más de tres pasos se me derrama el 99% de las veces?
Hacía ya seis años que me había tocado la lotería, el premio gordo ni más ni menos, había sido una época gloriosa, estuve en 57 países, tuve más fiestas que las que mi hígado podía soportar, los suficientes lujos para empezar a sentirme egoísta, por lo que hice donaciones para “compensar”, estuve con tantas mujeres que ya dudaba de mi sexualidad, en fin; había derrochado más de lo que daba de sí mi imaginación.
Ahora ya no sentía ninguna motivación, todo estaba a mi alcance pero nada parecía alegrarme.
Bajaba de aquel tren y empezaba a pensar en diferentes maneras de dar un giro a todo aquello cuando me encontré a una niña con su madre, la niña parecía feliz, muy feliz y su madre parecía contagiarse. Escuché como la niña insistía en lo bonitos que eran sus zapatos nuevos y su madre asentía con complicidad. Compré una piruleta en el quiosco de la estación y fui corriendo a entregársela a aquella niña. Me sobrecogió la manera en que aquella niña me agradeció el regalo, como si fuese el último caramelo del mundo.
Fue entonces cuando lo entendí, nos afecta la aceleración, el “cambio” de velocidad, no la velocidad en sí.




joder! mucho más profundo de lo que parecería a simple vista. Muy buena la reflexión y muy bien relatado.
Voto
Buena refexión!! Mi voto!!
Amigo, SI! Esto es!
Gracias por vuestros comentarios, se aceptan críticas constructivas.
Muy bueno y muy bien razonado. Saludos y voto.
Una vida muy intensa la del protagonista, en todos los sentidos, pero en realidad una vida desgraciada.
Suele pasar que llega un día en que un simple detalle, un instante, nos hace pararnos, reflexionar y con suerte darnos cuenta de lo que de verdad vale la pena. Y de que los años avanzan veloces.
Te dejo mi voto.
Saludos.
panistardust: no veo que haya forma de ponerle un tache a tu narrativa; tiene un final inesperado y sorprendente. Felicidades.
Volivar (Jorge Martínez Sahuayo, Michoacán, México
Me sumo a los halagos por supuesto. Gran, grandísima reflexión con una presentación inmejorable. Tienes mi voto.
A veces, cuando la velocidad nos desborda, se nos escapan las cosas simples y dejamos de ver mucho, para no ver nada. Y lo mas extraño, es que tal vez pensemos que lo tenemos todo….cuando en realidad no tenemos nada!
Buena reflexión. Yo trato, en lo que puedo, practicar la lentitud hasta el no movimiento, ni físico ni mental; y me da buen resultado.
Me ha gustado.
Saludos.
Brutal, por fin alguien que dice la verdad y valora lo que es realmente importante y sin faltas de ortografía.