La boda
10 de Noviembre, 2011 6
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lnariz-pinocho

Su nariz: descomunal, de puente interminable, con la suficiente vida propia como para permanecer indeleble en mi memoria pese a los estragos del tiempo o a la magnanimidad. Frente a todo pronóstico, esa nariz sobrevive a la imagen de una silueta que se recorta contra la ventana de la habitación. Como único recuerdo meridiano de una historia que ya no sé si es real o verdadera o ambas cosas o ninguna. Son sus fosas nasales, inspirando hondo de satisfacción, las que me huelen junto a la puerta y me guían hasta el anillo en el dedo anular de su mano izquierda.

—No hemos podido esperar, compréndelo.

Lo dice una voz sin tono ni matices que me llega desde la esquina derecha del cuarto y se desvanece ya en la segunda frase del discurso exculpatorio. Yo me quedo clavada al suelo, anestesiada por la contemplación de esa nariz magnética y de proporciones extraordinarias que en el silencio más dramático sopla huracanes y se embriaga del olor a plástico de un ramo de novia.

6 Comentarios
  1. ¡Bienvenida a Falsaria!

    Gracias por publicar en la red social literaria.

    Un saludo,

    El equipo de Falsaria.

  2. Me ha gustado cantidad, aunque, para ser sincero, no sé si lo he entendido bien… Gran manejod el lenguaje, se nota que sabes…
    Bienvenida!

  3. Me encanta esa nariz…
    Nos leemos!!
    Bienvenida!!

  4. Está muy bien. Si con Quevedo era un hombre pegado a una nariz, aquí hay un casamiento con una nariz ¡muy bueno!

  5. Jajaja y yo que tengo nariz grande…. mee gusto. Abrazo.

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