La cigüeña Catalina
19 de Junio, 2012 4
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Como cada año al comenzar el verano, Catalina esperaba ansiosa la misiva que confirmase su designación para trasladar a los recién nacidos desde París hasta las familias que esperaban un bebé.

Planchó con esmero y perfumó con agua de lavanda el pañalito de hilo blanco que durante tantos años sirvió de medio de transporte a los pequeñuelos.

Los días pasaban y el ave zancuda seguía sin noticias. Cuando supo, por fin, que ese año no había sido elegida, sintió como su pequeño corazón se rompía de dolor.

Cegada por el orgullo, Catalina era incapaz de reconocer su sufrimiento. Trataba de mostrarse divertida e ingeniosa. Sin embargo, cada noche, al llegar al nido, lloraba y lloraba mirando el veterano trocito de lienzo que este año, por primera vez en mucho tiempo, permanecería vacío.

Poco a poco, fue entrando en una profunda depresión.

Una tarde de septiembre, preocupadas por la ausencia del ave, sus amigas, las cigüeñas de los pueblo vecinos, se acercaron hasta la morada de Catalina. La encontraron inerte, con los párpados hinchados y un rictus de profundo dolor en su carita.

Debajo del alita izquierda se podía divisar un pañalito de hilo blanco, protegiendo los fragmentos de un corazón.

 

 

FIN

 

GANADORA VII CERTAMEN DE CUENTOS BREVES DE COMILLAS (2010)

 

 

 

 

4 Comentarios
  1. Cenicienta literaria: claro que debieron haberte otorgado el primer lugar en ese concurso, con ese cuento, tierno, bien escrito, hermoso.
    Felicidades. Mi voto
    Volivar

  2. Conmovedor y muy bien escrito. Tu premio fue merecido. Enhorabuena y voto.

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