Hormigas. Hormigas que atraviesan los bajos del Seat azul, que van de rueda a rueda como si de un puente subterráneo se tratara. Hormigas. Hormigas que recogen todo cuanto pueden y lo dejan a buen resguardo en el interior de su intrincado hormiguero. Una reina, mil trabajadores, todos unidos por cuerdas invisibles a un brevísimo espacio de tierra.
Hormigas también en la primera planta. Aparecen entre las baldosas rotas de la cocina y raptan toda minúscula miga que caiga en la preparación de la comida. Con el tiempo y las generaciones, han aprendido a bailotear alrededor de las enormes zapatillas que recorren el camino del mármol al fregadero.
En el comedor nunca se quedan demasiado, levantan sus diminutos ojos el tiempo suficiente para huir del par de gigantes gateantes; por desgracia, piensan, todavía vivirán en esta casa durante muchos años. Más allá, Lula se esconde entre el bidet y el váter y lo llena todo de pelos duros que no sirven de alimento. Se queda aquí incluso cuando los gigantes salen de vacaciones.
Ya no son tantas las que se aventuran a cruzar las escaleras. Las habitaciones son peligrosas, y los humanos han aprendido a atraernos hasta cualquier esquina envenenada. Les molestamos, nos gritan y persiguen con cualquier cosa en la mano, pero nunca se van. “Todavía no hemos pagado la casa, el coche hay que cambiarlo, la empresa se hunde, hay una nueva derrama”, se quejan. No lo saben (o hacen como que no), pero están tan atados a sus muebles y a sus corbatas como nosotros a la tierra.
Hormigas a las que todavía queda la esperanza de la buhardilla. Una lástima que se equivoquen de puerta y vayan a dar, justamente, con aquella que les lleva hasta el hámster obeso en su rueda de ejercicios.
(A.M.)



Ainoa: hermosa narrativa; bien lograda; atrapas al lector… ¿Hormigas? ¿Qué podrá decir de las hormigas? -uno se pregunta, y zas… un hermoso relato para deleitarnos en esta tarde de sábado.
Una breve salvedad: al decir “colmena”, entendemos que se trata de avejas. Claro, en literatura se pueden hacer varias connotaciones en los términos.
Felicidades.
Mi voto
Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)
buen relato, si los humanos trabajáramos como hormigas , no habría hambre en el mundo y todos tendrían techo donde albergarse
saludos
Hormigas…odiosas y necesarias hormigas. Todos hemos quemado alguna con una lupa de críos.
Este relato me ha recordad que una vez, en la piscina, que me dejé la mochila abierta con un bocadillo dentro…cuando volví la mochila estaba infestada de hormigas…la tiré a la piscina con todo dentro. XD
El relato me ha gustado, sobre todo la pullita al materialismo humano.
Mi voto y un saludo