Ella es el mejor placebo. No es química, ni tan siquiera de origen vegetal. No es una hierba medicinal mágica ya usada en el medievo. No aporta vitaminas ni minerales, y sin embargo está más recomendada que el agua.
Jamás encuentra una vena en el primer intento y jamás recuerda cómo se usa el desfibrilador. Yo aún diría más: jamás supo usarlo.
No sabe de anatomía ni del funcionamiento del riñón, aunque en sus tres primeros meses de ‘curro’ sanó a más de diez.
Nunca fue a clase, ni siquiera es titulada. De hecho, nadie se explica cómo pueden dejarla trabajar en tan buen hospital con un currículum tan pésimo. Pero nosotros sí lo sabemos.
Nosotros; mis familiares cercanos y yo, aún nos estremecemos al recordar cómo con unas simples palabras logró que el abuelo dejara de gemir de dolor, cómo su cercanía nos despreocupó ante lo que se avecinaba. Nosotros sí firmaríamos una carta de recomendación para ella. Nosotros, que vivimos el dolor más grande mientras ella, sin saber cómo lo hacía, nos analizaba y encontraba la justa frase que nos alivió en nuestra pena ante el inminente fallecimiento.
Ella nunca publicará artículos de investigación, pero sí es cierto que ella, aunque novata, es la mejor enfermera que conoceré jamás.
CxF



El conocimiento también se adquiere al sentir. Y eso es algo que no todo el mundo comprende.
Un abrazo, Cangu
Hay veces que unas delicadas palabras valen más que todo el oro del mundo.