03 feb 2012
Caía la lluvia y el cielo se tornaba gris. El silencio de su cuarto lo adormeció un poco más, y desde su cama podía ver a través de la ventana que la precipitación venía con luces del cielo y con un frío helador de huesos.
No quiso levantarse, estaba recogido en su nido. Se volteó buscando más acomodo, abrigarse con su cuerpo desnudo que yacía tibio y suave con su aroma nocturno de jazmín florecido. Decidió entonces perderse en la oscuridad de sus ojos que aún dormían, probablemente en un sueño de amor sin tempestades.
2 Comentarios


que bonito!
que me gustaría perderme en la oscuridad tranquila de unos ojos bonitos… ains…;)
Saludos, que bueno que te gustó, gracias por el comentario.