Oscuro cenáculo de seres que deambulan, sin rumbo fijo; pareciendo que siempre trazan círculos imaginarios con sus pasos, destilan sus miserias humanas y pestilencias propias de sus imperfecciones. Esa es la matrix, redil donde acuden los seres mansos y no tan mansos; pero todos son absorbidos al fin y al cabo por ella.
La matrix, letrina donde van los últimos despojos de la especie humana, sus odios se ventilan a través de cañerías imaginarias, que a ratos salpican lo poco bueno que queda en el entorno.
La lucha por la sobrevivencia, en un mundo cada vez más comprometido con el egoísmo, que trata a cada ser, como si de un ermitaño se estuviese hablando; lo agrupa solo cuando se trata de compartir las miserias humanas, las propias y las ajenas, en una atmósfera cada vez más pesada y donde el respirar aire puro cada vez se hace más difícil.
La raza humana no puede salir de la matrix, su corazón se ha envilecido y endurecido ante el dolor de los más débiles, pareciera que lo que ve en su entorno, es solo una escenografía que le es ajena y en su mente solo discurre un tráiler de ciencia ficción.
Los ciudadanos de la matrix no se preguntan, no objetan, no piensan, los momentos bellos de la vida le han sido reemplazados por falsos divertimentos. El amor no existe en la matrix, sólo momentos de placer compartidos rápidamente con seres anónimos, con las mismas pasiones, los mismos vicios y tal vez, algunas virtudes en común.
La matrix asfixia, estrangula, asesina lentamente a sus ciudadanos, estos no se dan cuentan que les está siendo administrada segundo a segundo, la dosis de la muerte definitiva, el pase a las semifinales del juego de la extinción total de la especie.


Estimado Hegoz, realmente me gustó mucho tu micro relato y me hizo recordar que vivimos un momento de la vida de la humanidad similar a lo expresado, ummm estoy pensativa… Matrix también me asfixia…
Natalia