El gran Zong ha muerto. El explorador más grande que ha parido el universo. Conquistador de galaxias, Libertador de un sinfín de sistemas estelares. Con su implacable mano, más dura que el lonsdaleite, aplastó a todo opresor que se cruzó en su camino, liberando del yugo a los habitantes de medio cosmos. Su magnanimidad y sabiduría destrozaron en pedazos los corazones de sus enemigos. Emprendió campañas que se quedarán arraigadas en el acerbo colectivo de sus súbditos. Con su tubo de rayos catódicos desintegró ejércitos enteros.
Retirado desde hace milenios en su apacible palacio de verano en la estrella M81, una enana blanca del sistema Kv901s, pasaba el tiempo contemplando supernovas lejanas. Recuerdos de un glorioso pasado.
Ayer por la tarde, tomando un baño de partículas, en la fuente de la vida eterna, resbaló en un charquito de electrones que habían saltado de sus órbitas, se fue por el desagüe, que no era otra cosa que un agujero negro. Atrapado en la singularidad, Zong ha cruzado el horizonte de sucesos, creando una imagen para el culto y la peregrinación; por allá, en la parte del cielo que jamás oscurece.
CxF



Vaya, al final la muerte en la bañera incluso para el más grande de los grandes. ¡Me ha gustado!
Infinitos finales son los que nos pueden tocar.
Gracias Paloma.