05 feb 2012
Incapaz de olvidar a Odiseo, Penélope acudió a Dédalo, para que le forjase un traje de recuerdos. Con cada objeto que le ayudaba a evocar al rey errabundo, la nostálgica se fue cubriendo de una armadura increíble: conchas marinas, trozos de espadas, redes de pesca, pieles y oro. Y así pudo Penélope soportar de mejor modo la espera ardorosa. Cuando el viajero volvió por fin y deseó tomar en sus brazos a su anhelada consorte, fue retirando los elementos de esa sorprendente cubierta. Al final no halló nada allí, pero el suspiro anhelante que brotó de sus labios, le supo tanto a ella- canto de sirena consciente de su propio imposible- que nunca más dejo de estar en él.
4 Comentarios


Precioso. Saludos.
Muchas gracias Hessellius. Igualmente, muchos saludos y quedamos en contacto.
Sigue con la historia,porque tú puedes sacarle más.Sigue con Penélope…
Un abrazo en la distancia.
Gudea
Muy gentil Gudea. Por supuesto que se antoja una continuación. Voy a intentar una prolongación de la triste historia de Penélope.
Es muy gratificante que me leas, te lo agradezco mucho
Un cordial abrazo!