Llevaba todo el día sintiéndose extraño, desazonado y perdido, cuando alguien en la oficina le avisó: «Pero hombre, Peláez, que vas por ahí perdiendo palabras». Se dio la vuelta y sobre la moqueta, con asombro, encontró un reguero interminable: «ánade», «entelequia», «tuétano», «bisoñé», «hipérbole», «paradigma»… Volviendo sobre sus pasos, las fue recogiendo una a una. En la parada del autobús encontró «salud». Estaba ahí, tirada, en un charco. Creyó comprender por fin lo que le sucedía. Pero cuando se metió entre las sábanas aún no se encontraba bien. Bajo la cama estaba «sonrisa». Y no se había dado cuenta.
CxF



Oye, qué bueno este microrrelato.
No se puede ir por ahí dejándose las palabras, que luego uno se siente vacío.
Gracias, Paloma. Sí, es que las palabras ayudan a poner nombre a la vida.
Un saludo.
Qué bueno. Debemos conservar muy bien las palabras, no vaya a ser que se escapen por ahí.
Sí, jajajaja, y luego hay que ir recogiéndolas. Gracias, Luna.
«Pero hombre, Peláez, que vas por ahí perdiendo palabras»…jajajaj muy bueno.
Felicidades.
Gracias, Felipe, jajaja. Intentando estar a la altura… Un saludo.
Muy imaginativo e innovador, te felicito…
Esperamos más!
Gracias Nicolás. Lo mismo digo.
me inspiro para hacer algo en la calle con palabras
Y todavía hay quien se las deja por ahí tiradas…
La verdad, me ha encantado el relato, es muy bueno
A mí también me ha gustado mucho. Qué haríamos sin las palabras, ni nombre tendríamos. Un gusto leerte.
Muy a menudo perdemos palabras sin saberlo. Me gusta el relato.
Saludos
Me encanto, Siempre se me pierden un par de palabras…
Yo me siento asi casi cada dia, pero en lugar de palabras pedazos de mi
saludos