Tenía el ala rota sobre la mesa de jalea real seca y dos regalos sin lazo junto a su silla. Su primer día. Aunque todavía no era la hora. Su madre nerviosa, buscaba una tirita. Le fue difícil pegarla sin arrugas. Observó su aguijón y le preocupó la curva que se acentuaba. Lola, sonriente, recordaba el riesgo que había provocado aquella herida. Nunca debió abandonar la colmena. Hoy sería difícil volar. La mesa sostenía una taza, un vaso, dos cajas de cereales, mismo número de cucharas y cuchillos, tres tostadas, y mermelada y miel. Mamá insistió, pero Lola evitó una vez más y eligió untar de fresa el pan. Un roto en la ventana del panal daba luz al salón. Lola volvía a volcar el chocolate sobre la leche. Un zumbido mañanero era el estrés de mamá, fregando platos, colgando ropa, haciendo camas, moviendo objetos sin moverlos. La Reina exigía orden. Lola miraba la línea de la luz del sol. Todo cuando iluminara el televisor. Afuera, el rumor infinito comenzaba a volar. Era la hora.



Muy original. Me gusta
Gracias, Encinas.
Nos leemos por aquí más veces!!
Un abrazo!!
Muy bueno, nostálgico. Saludos.
Me ha gustado mucho!!!
Gracias, Paloma. El texto no está terminado, y quiero que sea un cuento…. Espero disponer de tiempo, escribirlo entero y poder compartirlo!!
Un saludo!!