Manuel tolerante, Manuel
27 de Septiembre, 2012 4
6
     
Imprimir
Agrandar Tipografía

Esperé un momento para seguir hablando pero enseguida la oí llorar. Siempre me he preocupado de hablarle suavemente, con un tono lineal, afable y cariñoso. Por amor me despojé de mi vocabulario cerril, el de una persona que no ha salido de su aldea natal. Por ella empecé a leer a Borges y a Cortázar. Aún así mi jerga, innata, de familia de encofradores y de albañiles, surge de tanto en tanto. Incluso me ha salido una úlcera por controlar mi verdadera naturaleza agreste.

Y así es como, hace cinco minutos, le dije a mi refinada mujer: “Estoy extenuado de asistir a restaurantes donde lo más grotesco que puede ocurrir, es que te sirvan una ostra exánime o un asado frío”. Cualquier frase más ácida que esa hubiese sido motivo de divorcio. Tengo que andarme con cuidado, su psique no lo soportaría.

A veces echo de menos a Matilda. Una mujer rústica, nacida a escasos metros de la dehesa, un poco cafre pero utilitaria al fin y al cabo. Creo que esto último lo dije en voz alta porque mi mujer se acaba de marcar un in crescendo.

 

Israel Esteban: http://www.terapeutadesupermercado.com

 

 

 

 

 

 

 

4 Comentarios
  1. JAJAJAJA!!! El matrimonio no vale una úlcera Israel. Y si habla en voz alta creyendo que piensa, bien haría en ir planeando una ida al psiquiatra. Muy bueno, de verdad. Mi voto

  2. No se de que me suena… ;) Me encantó este relato desde la primera vez que lo ví pero como ademas aquí puedo votar, pues ahí va mi voto!!. Un abrazo.

Deja un comentario