Y cayó. Ruido seco de cuerpo vacío. Me di vuelta rápido al escuchar el suspiro, ya estaba en el piso. No focalizaba otra cosa que a ella.
Se habla mucho de la frialdad de esta sociedad, del miedo, de la indiferencia y contrariamente del a diferencia. Del miedo, de la frialdad… ¿ Qué hago? Me acerco más, o no? Lloro, grito? No, elijo evitar todo, pero por dentro lloro y grito como nadie. La desesperanza me hunde y retumba en mi cabeza constantemente ese golpe seco. Mierda, que van a decir?- Brián, sos un cobarde!-. Eso? Si, vos Brián ¿ Qué te importa lo que piensen?
Poco a poco coordino el impulso nervioso que sale de algún lado hasta otro algún lado, una extremidad. Si, eso… Muevo el brazo. De pronto recuerdo a Focault, taladrándome con un : ” Hacer vivir y dejar morir”. ¡Pero no! ¿Por qué terminé siendo parte yo también?
Y todo arranca, escucho los ruidos, a las personas, hasta las ondas de los celulares siento traspasarme por todos lados, veo las no miradas, veo el baile de máscaras para el cual me he sacado la mía. Pero la mujer que cayó desmayada en la puerta del metro, sigue ahí, vacía, sola, invisible.



Un relato urbano sobre un acontecimiento que se repite con mucha frecuencia en las grandes ciudades. Muy bueno. Saludos y mi voto.