No pienses que me olvidé de ti.
Mientras anduve perdido me ofreciste alojamiento y comida. Fuiste un ejemplo a seguir de cordura y madurez. La situación nunca acabó porque el tiempo es cíclico. Seguirás siendo el mentor de mi persona. Me gustaría ser tu mentor para devolverte la ayuda prestada: con paciencia, amistad y amor. La ignorancia de mi persona me dejó caer en el error. La perseverancia de la tuya me hizo crecer. Quisiera extenderte mi mano para pedirte este pequeño favor:
“Cuando te sientas mal, llámame; cuando te pierdas, encuéntrame; cuando te desesperes, localízame; cuando te inquietes, solicítame; cuando te ahogues, respírame; cuando te hieras, cúrame; cuando te caigas, levántame; cuando te duermas, despiértame; cuando te desorientes, avísame; cuando quieras… ahí estaré”
Si acaricio el límite de tu sensibilidad, me doy cuenta de que me facilitarás toda la ayuda posible. Por éso te pido, que no me abandones, que nunca te abandones. Para seguir compartiendo momentos bajo nuestras experiencias y condiciones.


