Te miro sin que me veas. Estas cambiada, distinta de ayer. Me resultas tan extraña al mirarte desde aquí. Como si no te conociera. Y sin embargo, ahí estás cada día, siempre distante y tan fría.
Hablas y hablas sin importarte si te escucho o no. mirando fijamente pero sin verme. A veces, siento ganas de zarandearte para ver si reaccionas y te sales de esa estudiada interpretación que realizas cada día. Me pareces un muñeco sin alma. Uno de esos que necesitan una mano detrás que les mueva la boca a su antojo para decir solo lo que quieren que digas. Como me cansas.
Y sin embargo, ahí estas. Palabra tras palabra sin apenas parpadear. Y ahí permaneces hasta que decido levantarme, oprimir el botón del control remoto y ya no escucharte.



Interesante descripción del compañero(a) matutino (y vespertino y nocturno) de muchos. Saludos y mi voto.
Gracias Vimon, por leerme, por tu comentario y por el voto.
un beso
Me ha gustado. La sencillez de lo breve… Rápido pero intenso.
Gracias Cat, me alegra que te guste.
un beso