Miradas
2 de Junio, 2012 2
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Mientras el ambiente gélido me causaba escozor, no podía dejar de observarla a ella. Allí, tan distante y a la vez tan cerca.

Es que, si bien no poseía su materia tangible cerca de mis manos, soñaba con abrazarla y no soltarla más y con la mirada, de alguna manera indiferente, cumplía ese objetivo con creses.

Temí que ella se percatara de la situación, y con una cortante mirada aniquilara las expectativas de relación. Aunque debo ser sincero: ¿una deidad similar podría relacionarse con un mortal como yo? La respuesta era elocuente y no me atreví a siquiera pensarla.

Pero qué más daba, quería saber si tenía una oportunidad, he ideé un plan. Fue súbito y desordenado, pero funcionaría a la perfección. Quizá me vería triste al finalizar la estratagema, pero qué más daba.

El colectivo frenó y me decidí a bajar; ella se encontraba sentada al lado de la puerta. En el momento preciso en que me dirigí hacia allí, la idea brotó de mi pensamiento y expulsó todo su vigor.

Había funcionado, ¡oh Dios, que alegre me puse!

Me di cuenta, sin ser erudito, que mi gran plan había concluido con creces. Un bostezo salió de mi atrevida boca y al percatarme de su respuesta recíproca, comprendí que me estuvo observando.

La felicidad, como de costumbre, en una minúscula acción.

2 Comentarios
  1. Je je, Lumiere, con que poco te conformas

  2. Me gusta cómo escribís! Mi voto.

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