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Mudanza
-Creo que ya está todo.
-¿Has bajado las persianas, Pedro?
-Sí y también he cerrado la llave de paso.
-Pues entonces, solo queda bajar las maletas –dijo Juana con un hilillo de voz.
-Vamos, mujer, no te amilanes. Ya verás como el cambio es para mejor.- Le acarició la mejilla rápidamente; parecía que su mano, acostumbrada a tareas más rudas, se avergonzara de aquel gesto furtivo.
-¡Saaanti, Saaaantiiiii! ¿Dónde estás, tesoro? ¡Nos vamos!
Pero el niño no contestó. Albergaba la esperanza de que se marcharan sin él. ¿Qué le importaba que el nuevo piso tuviera ascensor y fuera más grande si allí no podía llevarse a Pelusa?
Escondido en el armario ropero, abrazado a su querido gato pardo, contenía las lágrimas y la respiración.
7 Comentarios



Julieta Vigo: tierno, bello relato. Felicidades. Mi voto sincero (es decir, reconociendo la calidad literaria).
Volivar
Gracias Volívar. Siempre eres muy cálido con tus comentarios. Me alegra que te haya gustado. Pasa un buen día.
Hermoso micro, Julieta. Es un placer leerte. Un abrazo!
Muy bien retratada la situación y el sentimiento del niño. Te voto.
certero, envolvente y directo. quién no preferiría quedarse con Pelusa?, los cambios sin la seguridad que nos da los que queremos, atemorizan más…
Muy lindo micro, Julieta, y muy tierno. Ya tambien tuve que dejar a mi Pelusa (Cleopatra) en la ultima mudanza y la extrano todavia mucho. Felicitaciones y mi voto.
La niñez lo puede todo. Felicidades y mi voto, Julieta.