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No ser
Con una mano escarba entre los tachos de basura, detrás del restaurante; en la otra sujeta la caja de vino barato. El perro vagabundo que lo sigue hace guardia a la espera de recibir algo. Desde el techo los observa un gato. Cuando se vayan, bajará y conseguirá lo suyo, además de alguna rata. Un ayudante de cocina sale a tirar desperdicios.
–To be or not to be– dice el mendigo.
–Vaya a dormir la mona, viejo borracho.
Javier Benítez bebe un largo trago de vino. Luego gira y se tambalea rumbo al fondo del callejón. Entre los cartones donde duerme, atesora su título de ingeniero. El único recuerdo que guarda de antes del alcohol.
11 Comentarios



Excelente relato con solidas bases en la vida real. Un abrazo y mi voto
Así es, VIMON, una triste y cotidiana realidad.
Un abrazo.
Un vivo ejemplo de lo que debe ser la poesía actualmente, la voz y eco de los ignorados… Todo ser humano es una historia de vida, por eso no podemos simplemente echarla a un lado con desidia… Un gusto leerte…
Saludos!
Gracias, Alejandro.
Escribir ficción a veces solo nos lleva a mostrar las realidades más crueles y ocultas.
¡Saludos!
Amigo Sergio, tu escrito revela una realidad que muy pocos quieren ver. Bien escrito, sencillo y contundente. Felicitaciones. Mi voto.
Saludos,
Rafael Baralt
La cruda realidad. Nunca entenderé como se puede cambiar un título por una botella, uno te da de comer y el otro solo el calor mundano de la soledad… ¿es que no ven la diferencia?. Felicidades Sergio, pocas palabras para ponernos en situación. Mi voto y mi abrazo!!.
Es triste e injusto, Soraya. Pero las adicciones son así, lamentablemente. Lo peor de todo es que lo ven. El adicto comprende que se está destruyendo, pero no lo puede evitar.
Un abrazo.
Sergio Cossa: amigo, qué lástima causan estas personas, y pensar que algún día tuvieron sueños, de todos, para terminar así… ¿y, nosotros? ¿cómo iremos a estar casi llegando al final del camino? No quiero ni pensarlo.
Un saludo, Felicidades (mi voto, por supuesto)
Volivar
Yo me conformo con llegar bien despierto, amigo volivar.
Un saludo y gracias por pasarte.
Lo terrible y triste que narra este relato breve no es la adicción, es la indiferencia que es el gran mal que asola a la humanidad… al menos, yo lo percibo así y prefiero no juzgar ni al hombre ni al perro vagabundos porque quién sabe qué circunstancias, qué pensamientos o qué desolación los llevaron ahí… sobre todo al primero, claro porque siempre he pensado que nadie está libre de caer en una adicción, ni de la depresión ni de la angustia y resulta demasiado fácil juzgar desde la barrera, los pobres son vagos, los adictos son viciosos … En fin, que me lío de mala manera.
Te dejo mi voto, Sergio por estar tan bien escirto y conseguir que me pierda en mis cavilaciones.
Saludos.
No había leído tu comentario e interesante reflexión, Ereshkigal.
¡Un saludo y gracias por leerme!