– ¡El siguiente!
Una clienta entregó su número. Apenas lo miró, el carnicero levantó una ceja y escuchó:
– Tres cuartos de cadera.
El fornido vendedor tomó una Nancy del estante y de un hachazo le sesgó la cadera; pesó y cobró. Otro cliente pidió unas manitas de Famosa y el dependiente aplicó el hacha a los pies de un muñeco regordete. No olía a sangre como en la sucia jugueteria de la acera de enfrente. El bigotudo carnicero miró orgulloso hacia ella por encima de los clientes, alzó una ceja altivo y fue a buscar unas morcillas al frigorífico de la Barbie.



Tiene algo de macabro esa forma de ponernos en la cara la crueldad de la realidad… Muy curioso.
“No olía a sangre como en la sucia jugueteria de la acera de enfrente”
Desde luego una sonrisa es inevitable.
Un abrazo!
Luna de lobos