Tras descolgarse de una ojera, su caída lenta se convirtió en una carrera vertical. Atravesó la palidez de la mejilla, serpenteando hasta el borde del mentón. Desde ahí pudo contemplar el desierto en toda su extensión: Ondas tímidas que crecían hasta hacerse dunas, sólo para menguar más adelante y volver a ser tímidas ondas. Detrás de las dunas, se adivinaba un sendero que conducía hasta un brevísimo remolino en la arena. Al pequeño hoyuelo del desierto le seguía un oscuro oasis, cargado de secretos, que precedía a más ondas, mucho más extensas y finas. Más allá, el fin del mundo.
Hacía allá se dirigía. Primero pensó que su peregrinación lo agotaría de sed, luego consideró lo finito de su mundo. Se armó de coraje, pero no pudo dejar de temblar antes de descolgarse del mentón.



Inquietante, imágenes muy bien logradas. Gracias por compartir. Saludos
Onírico, extraño, surrealista y fascinante.
Es un trabajo tan original como bien resuelto.
Enhorabuena
Muchas gracias.
Bellos imágenes evocas en este micro muy original. Felicitaciones.
Curiosa historia, un recorrido que se va dibujando poco a poco, y además, perfectamenteconforme vas avanzando en el texto (:
Genial.
Saludos.
Me encanta.