Era hora punta. La plaza estaba repleta. Hacía un hermoso día de primavera. Los niños jugaban al escondite, las niñas los miraban y reían tímidas. Los enamorados estaban tirados en la hierba, comían helado. Se besaban. Algunos papás jugaban a la pelota con sus hijos, otros hablaban entre ellos. Las mamás estaban sentadas en círculo mostrando las fotos más recientes de sus retoños.
Los hombres vendían de todo.
En la terraza del bar de la plaza se refrescaban con cervezas y tomaban el aperitivo.
Alguien gritó a todo pulmón:
“¡Dios mío, allá va el loco, agárrenlo, antes de que se escape!”
Los niños, los hombres y las mujeres se miraron unos a otros con recelo. Al rato fueron retirándose en silencio. Cerraron las puertas de sus casas, bajaron las persianas, apagaron las luces.
Uno nunca sabe.
CxF



Es como la imagen perfecta de cualquier día de fin de semana en la tarde… Me daría pena la discriminación hacia “el Loco”, pero uno nunca sabe.
Buen relato.
Gracias, esa era la intención.
Saludos.
Quién no lo haría en el momento…
Me ha gustado el relato, el desarrolo, muy bueno
Me alegra que te haya gustado.
Muy bien, me gusta la ambientación del antes y después del grito. Cambia por completo.
Sí, muchas veces nos dejamos llevar por la corriente. Aunque no estemos del todo convencidos. Como dice la historia, por si acaso. Uno nunca sabe.
Saludos