¿Qué es posmoderno?, preguntó el intendente público cuando el académico, afuera de su casa acondicionada superfluamente, le injurió “posmoderno”. El pordiosero asalariado continuó haciendo su trabajo mientras sentía que rebotaban en el cráneo las palabras ofensivas del maestro. Dígame, dijo el académico vestido de bata azul, taza con café envuelta por la mano derecha y periódico debajo del brazo izquierdo: Cuando usted va hacia su trabajo, sale de su casa pensando en que podría morir arrollado por un carro? Que podría encontrarse con un enfrentamiento entre narcos? Sabe qué es la muerte? Ha pensado usted que el corazón le puede fallar de repente? Que un simple dolor de cabeza puede convertirse en un derrame cerebral? Lo sabía? Ha subestimado usted a los zancudos? El dengue tiene la capacidad para matar a una vaca; le aseguro que a usted, por las noches, lo molestan dichos vampiritos. El menesteroso parecía dubitativo, a él sólo le interesaba comer y llevar comida a los suyos, no estaba pensando en la muerte ni en nada de eso. Se ve que hubo una gran fiesta ayer, jefe, me hubiera invitado al pastel, dijo osadamente para distraer el objetivo intelectual-burlesco de su receptor. Lástima que el hubiera no existe, le dijo el domesticado sonriendo como sonríe un ganador de debates. Sí existe -lo sorprendió el intendente- es un verbo que deambula entre el anhelo y su resignación; porque todo anhelo sufre de una resignación, es como la caja negra en el metro, o las bolsas de aire en el los autos. En eso, se abrió la puerta de la casa, se divisaba un gran televisor pantalla plana frente a una sala inhóspita, no por maltratada, al contrario, pues estaba inmaculada, sino por solitaria. Aristóteles decía que el hombre es alguien social, al menos que sea una bestia o una deidad. Entonces salió desde el fondo una chica de blusa larga, pelo largo y lacio, lentes oscuros y celular en la mano. Nos vemos, papá, voy a mis clases de guitarra. ¿Y la guitarra, muchacha? Se entrometió el intendente con tono jovial y confianzudo. ¿Y la guitarra, hija? Me da flojera llevarla, dijo mientras fisgoneaba la pantalla del celular, allá en la academia me la prestan, ¡acuérdate! Okey, dijo el erudito dando un sorbo al café, que te vaya bien, llevas dinero? Sí, agarré cien pesos de tu cartera, en tres horas regreso. La mujercita se fue caminando por la acera de enfrente, husmeando en su celular y pensando en que podría ser una gran artista. Entonces, maitro, mañana me dice qué es posmodernidad, debo juntar la basura de los vecinos, que al parecer también sus hijos, así como su hija, tuvieron fiesta; que tenga buenos días.
Posmodernidad
5 Comentarios



Julioko: amigo, te diré que si no fueras un gran escritor no te comentaría lo siguiente:
en toda la narrativa las preguntas no las inicias con el consabido signo de interrogación.
Es algo que a los grandes, como tú, se les critica.
Por lo demás, mis respetos, te deslizas en las bellas letras como lo hace un palito en una agua apacible… es decir, te mueves en donde debes hacerlo.
Un saludo afectuso. Esto es sólo un simple comentario, para corregirnos, nunca para hacernos sentir mal, ¡Dios guarde l’hora” -diría Agustin Yáñez.
El voto es obligado.
Volivar
Amigo volivar, no sabia que en las narrativas no se usa el primer signo de interrogación al inicio… ¿Estas seguro?… Saludos!
Amigo Julioko, muy bueno tu microrrelato. Refleja las dos visiones de un solo término. Felicidades!…
RBaralt: siempre ha sido así, desde Cervantes, hasta Pereda, JUan Varela, Agustín Yañez, Jorge Luis Borges… Juan Rulfo, Arreola, Saramago, William Golding, etc
Aunque, para ser sincero, no me doy cuenta de las últimas determinaciones de la Real Academia Española. El gran periodista y escritor de El País, Alex Grijelmo, expresa que los signos se ponen al principio y al final de la oración, ya sea pregunta o exclamación. Esto lo analiza en su libro El Estilo del Periodista, en su tercera reimpresión en el año 2007.
Atentamente
Voilivar
Gracias por leerme y los comentarios.
Yo, por mi parte, cuando hago preguntas continuas, como la del personaje erudito al intendente, no acostumbro colocar el signo de principio. No se si sea por intento de estetica, por haberlo visto en algun libro, o simplemente por comodidad. Siempre, ante todo, cuidando que el mensaje se entienda.
Saludos