Previa cita
18 de Enero, 2012 4
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Sabía muy bien a lo que iba. Sabía también que oponer resistencia no serviría de nada pero no estaba dispuesto a vender barata su carne, su dignidad, a dejarse atravesar sin presentar pelea con uñas y dientes mientras lo llevaban a rastras. Y nada, ni el pataleo y los manotazos, ni los gritos de súplica y el llanto menguaron la determinación del verdugo. _listo. Señora, mañana lo trae para la última inyección._ Y Carlitos baja de la meza de exploración y entre sollozos recibe la acostumbrada paleta que le hará olvidar el asunto hasta la siguiente cita médica.

4 Comentarios
  1. Me recuerdo de pequeño, teniendo que ir a la farmacia a colocarme unas inyecciones terribles. Muy bueno, gracias por compartir.

  2. Ingenioso el relato, principalmente la conclusión. Muy bueno. Saludos desde Brasília.

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