¿Las estatuas pueden hablar? ¿Pueden moverse? ¿Tienen sentimientos? He aquí un cuento que devela parte de ese misterio…
Rey de piedra
La estatua de bronce del Caballero Arrodillado se levantó de su pedestal, despojose de su pesada armadura, cruzó los veinte pasos que lo separaban de la esfinge de su rey y cercenó de lleno su pétrea e insigne cabeza, con formidable y precisa maestría, dejando atónita a la multitud que —por pura casualidad— se hallaba reunida en el lugar de los hechos. Enseguida, agolparonse todos para apreciar, mejor, aquella incomprensible e irrepetible escena. Antes de volver a su lugar, y de adoptar la misma quietud y posición que le diera el artista —su creador—, la estatua, pronunció —con gravísima voz— lo que consideraba una explicación perfectamente razonable del por qué de su conducta:
—Desde hace al menos cuatro siglos que me miraba con incesante y soberano desprecio. No era menester el seguir soportando semejante maltrato.
© Federico G. Rudolph, 2011
Este cuento forma parte de mi nueva antología de ficción, próxima a publicarse: “De amores y de locos“. Delirios y alguno que otro cuento de terror.



Buen micro, Federico, saludos y voto.
Gracias Vimon! Una abrazo!
Enhorabuena por este micro divertido y muy bien escrito.
Mil gracias antonio! Saludos!
Una micro de gran originalidad, porque las estatuas también se toman su rebancha, como no. Muy buena, mis felicitaciones y voto.
Gracias Zusi!