Ruedo mortal

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Jugaba, mientras tanto, con la cucaracha que rodeaba mis pies: metiéndose entre mis dedos e intentando saltar de agujero en agujero. Fue ella quien me alertó. Oí pronunciar mi nombre al entrenador. Me levanté y en ese instante todos a mi alrededor me miraban: sus miradas aterradoras y desafiantes me hacían dudar de si eran mis amigos, mis enemigos o simplemente gente que tenía los días contados y no iba a volver a ver jamás. Tampoco me paraba mucho a pensar en ello. Me preparé. Cogí mi espada y mi red y me coloqué en fila, como el resto de mis compañeros. A punto de salir a escena para demostrar quien era el más valiente. Gota a gota comenzaba a hacer mella en mí el sudor que desprendía mi frente; con aquellos ropajes y aquella altas temperaturas que nos acompañaban desde el mes de Mayo.

De repente la puerta se abrió, salimos todos corriendo donde gente desconocida nos aclamaba sin parar. Gritaban y nos animaban a adentrarnos en un juego de sangre, frialdad y valentía. Nos encontrábamos allí en medio; rodeados de animales extraños que yo no había visto nunca, y otras personas que también querían matarnos.

La batalla duró unos quince minutos aproximadamente. Salí ileso, sangrando y con heridas bastante profundas. El tiempo de recuperación fue esencial para poder volver a mi hábitat. Todos me aclamaban y pedían mi retorno; todos menos yo, porque a pesar de haber ganado la libertad, perdí muchos amigos en la arena del anfiteatro.

Comentarios

  1. VIMON

    30 octubre, 2012

    Buen relato, Peflobe, felicitaciones y mi voto.

  2. Claudia (Diadenes)

    30 octubre, 2012

    Y todo es según los ojos del que mira, ay si aprendieramos a mirar con los ojos del otro.
    Un abrazo

  3. Christopher Nei

    30 octubre, 2012

    Al fin y al cabo todo es lo mismo: perspectivismo (Nietzsche). Muchas gracias.

  4. Elenemigo

    30 octubre, 2012

    Muy bueno. El eterno dilema ¿como vivir sin ocasionar daños colaterales?. Un saludo y mi voto

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