Sin música
30 de Agosto, 2012 2
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Nací en una casa sin música. Eso es algo que se me ha reprochado a lo largo de mi vida. Cada vez que pedía que se baje el volumen o no conocía el nombre de discos, artistas o canciones, algún buen amigo o novia recurría a la misma frase con ceño fruncido y un tono despectivo que orrillaba el asco. Nací en una casa en la que la sola idea de la música producía las migrañas y cambios de humor propios de un esquizofrénico o un cocaínomano. Nacer y , con un sentido más imperfecto, vivir en una casa sin música me llevó a una adolescencia privada de elementos de ira, de tristeza, de desamor. Sólo escuchaba música en las películas que miraba en el canal de aire algún que otro sábado y que, por coincidencia o destino, solían ser las mismas una y otra vez.

Nací en una casa sin música, es cierto, sin embargo estudie guitarra. En el torpe movimiento de mis dedos y el desafinado desacierto de las notas aprendí a amar la música, un amor secreto y silencioso, como el que se tiene por la novia de un amigo o por esa mujer que uno sabe que ni en el más audaz de los sueños puede estar a su lado. Un amor no correspondido que mutilaba mi existencia en retazos, en apariencia conectados pero completamente independientes. Mi vida con y mi vida sin la música. Con el tiempo, cuando podía tener la pieza para mi sólo, fui encerrandome en la armonía y el baile de los planetas. Practicaba apoyando los dedos sobre las cuerdas sin hacerlas vibrar, imaginando en mi cabeza el sonido en su más clara perfección. Y en mi independencia, al dejar esa casa sin música, no pude dejar esta costumbre. Aún toco para mí, sin que nada vibre más que mi memoria. No me molesta haber nacido en una casa sin música, no me molesta que aquel que le toque pasar tiempo conmigo odie lo irritable de mi oído o la ignorancia de mis afirmaciones. Me molesta no poder hacer que esas vibraciones etereas, inexistentes y truncadas, encuentren en la realidad del metal y la madera un dulce nido y emprendan el vuelo por el frío cielo hasta el oído de alguién más, quizas alguién atrapado en una casa sin tristeza, en una casa sin ira, en una casa sin desamor. Sin música.

2 Comentarios
  1. Es bonito ese amor hacia algo como la música, comparable a las palabras también.
    Me gusta, Jarry; sólo revisaría algunas faltas de ortografía para mejorar la lectura (en el primer párrafo por ejemplo, “ceño” en lugar de “seño”, o en el 2º, “apoyando” en vez de “apollando”) :)
    Un abrazo y bienvenido!
    Luna

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