Y castiga sin postre al gigante azul en el rincón donde descansa el corcel de Doña Estrella. Mientras Charles Aznavour suena bohemio, revisa orgullosa uno a uno los platos vacíos del resto de comensales, la tarta quedó bien esta vez. Contemplativa, decide entonces acercase a él:
- De no haber llegado tan tarde también habría disfrutado de tan delicioso pastel- le recrimina al gigante, señalándole con el dedito manchado de chocolate- Ya sé, usted no tuvo la culpa, él siempre anda demasiado ocupado. Pero ande, acérquese a la mesa, aún quedan pastas y té. Antes de sentarse, déjeme quitarle el envoltorio.



Perspicaz acercamiento a la soledad. Me llama la atención la rica descripción de un ambiente, colmado de detalles, que al mismo tiempo, delinean el vacío interior de la mujer.
Muy bueno y bien escrito.
Saludos!
Gracias jesus, has calao al vuelo el significado y esencia del microrrelato, aunque no es una mujer sino una niña.
Gracias por tu lectura!! Un abrazo!!
Lindo microrelato, amiga Rosa Calzado
Atentamente
Volivar
Muchas gracias Volivar, me alegro de que te gustara. Un saludo!
Una linda combinación de elementos para formar un interesante microrelato, mis saludos cordiales amiga.
Gracias robert! gracias por tu lectura! Un saludo!
Como dice el título: la niña en realidad no está sola.
En mi opinión, no necesita nada ni a nadie más para sentirse bien en ese momento.
“señalándole con el dedito manchado de chocolate”
Un abrazo, Rosa,
Luna de lobos
Puede que realmente sea eso, que no necesita a nadie para disfrutar de su celebración, ó que se conforma con lo que tiene porque no tiene otro remedio…quién sabe…;)
Gracias Luna!! Un abrazo!!