Poirot nunca se había enfrentado a un caso así. En la estación espacial, ahora desolada, las cosas flotaban en una lenta vorágine. Entre este desorden, los cuerpos de los astronautas deambulaban errabundos, como ahogados en un mar invisible. Alguien había cometido un crimen perfecto: al desactivar los sistemas estabilizadores de la estación espacial, había acabado con todos, en un golpe maestro. Sin embargo, el enigma se percibía a todas luces ¿Cómo había escapado el asesino de su propia trampa? Luego de efectuar un complejo ejercicio deductivo, Poirot, con matemática exactitud, dio por fin con el culpable. Lo puso a buen recaudo: la computadora de la nave, Poirot, triunfalmente, se auto-desconectó.
Solución
3 Comentarios




Gracias, un buen relato, me recuerda a una banda de Möebius hecha cuento.
Muchas gracias revelaciónvital
Tu comentario es sugestivo y valioso.
Eres muy amable.
Un gran saludo
Crimen doblemente perfecto. Porque, con las leyes de la robótica de Asimov en la mano, ¿quién sino él podía sospechar de él? Excelente también el comentario de ‘revelaciónvital’. Cinta Möebius o, también, ciber-ouroboros.