Apenas hemos cumplido los veinte años de edad, y el tiempo todavía juega a nuestro favor. Un coche a ciento ochenta en una recta nocturna, un grito de locura en una discoteca, una carrera a ciegas sorteando peatones de cualquier ciudad, huyendo de la luz o persiguiendo a un amigo que, a las seis de la tarde de esta estúpida navidad, ya ha bebido media botella de vodka.
Despierto en mi cama a las cuatro y media de la tarde, con los labios cansados de tantos besos que ni recuerdo haber dado, pero que seguro que regalé en la puerta de cualquier retrete. El olor a humo aún persiste en mi pelo, y los mismos tejanos nuevos de anoche aparecen sucios y arrugados si levanto la única parte de sábana que no arrastra por el suelo. Apestamos, pero una ducha siempre limpia por fuera y por dentro.
Bajar una cuesta rodando por el suelo blando, arrancando pedazos de hierba corta y húmeda por el vaho que sueltan nuestros alientos. Manchar la ropa de frío, sudor y tierra. Besar hasta cansarnos, llegar incluso a algo más, saciar nuestros instintos y sentirnos en una vorágine de locura constante. Rodearse de gente, rodearse de carne, tirarse al suelo como si por un casual nos flaquearan las fuerzas, reír, empujar y abrazar. Pedir que suban el volumen de la música, huir de los miedos con nuestro mejor sprint, que así las lágrimas vuelen tras nosotros y perder la madrugada haciendo girar un botellín. Ver la vida pasar a través de la ventanilla de un viejo autobús ruidoso, llevando de compañía un par de bolsas del alcohol más barato. Y burlarnos de esa luna tan llena.
Que cada respiro sea un grito de éxtasis en un mundo al que no pertenecemos.



Buena descripcion del desenfreno de la juventud. Voto recuperativo.
Ainoa: bien narrado.
Volivar
Ya te vale, ahora me has puesto melancólico jaja que en época de exámenes no haces más que recordar esos momentos, y mirar el calendario, tachando días, y esperando delante de los libros la eternidad que falta hasta que lleguen de nuevo esos días.
Mi voto.