Sueño roto
11 de Enero, 2012 2
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Se quitó el sombrero al entrar en la casa, al contrario de lo que en un tiempo había sido su costumbre.

Supo que sería la última vez que abriría esa puerta, y que nunca más volvería a ver a la persona que tal vez se sintiera agasajada al dejárselo puesto, pero esa idea no le hizo cambiar de opinión.

 

En lugar de eso se quedo quieta un instante, delante del espejo algo envejecido que había a la entrada de la casa, el mismo que le había devuelto su imagen los últimos años casi diariamente, y observó detenidamente a la persona que la miraba desde él.

 

No vio ni rastro de la persona que había sido, quien hubiera preferido quedarse, pero eso ya no le importaba tampoco, así que el reconocimiento fue de tan solo unos segundos.

 

Al entrar en la habitación, el hombre que yacía en la cama conectado a todos aquellos aparatos parecía dormido, y esa fue la razón por la que continuó aproximándose a él, lentamente, hasta que la tela de la falda rozó la blancura rosácea de las sábanas.

 

Con un gesto levísimo fue a alzar la mano en una última búsqueda, tal vez desesperada, pero la detuvo de inmediato, y todo se quedó ahí.

 

Todos aquellos juegos y todos aquellos sueños se fueron desvaneciendo poco a poco con el tiempo, desde el accidente, desde el final de su mundo en común.

El saludarle con el sombrero puesto, y con una reverencia, era parte entonces de uno de aquellos juegos, uno de tantos.

 

Y no separase nunca fue uno de los sueños, compartido por ambos.

 

Ahora, solo exitía en la mente de quien era abandonado a su suerte.

2 Comentarios
  1. “Ahora, solo exitía en la mente de quien era abandonado a su suerte.” Muy buena frase. Gracias por compartir. Saludos

    • Gracias Nanky, me alegro de que te haya gustado el final; era una frase de la que no estaba muy seguro…
      un saludo

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