Sueños de ámbar y dorado. Rincones olvidados de nuestros escasos tiempos, de nuestros secos ayeres. Entre las ya petrificadas arenas bajo esos soles quebrados, surgen los corazones atados a la tan rencorosa constelación, clamando, sin temor, por la herida sin respuesta de tu hermano sediento.
¡Llora! Reza y llora a tus dioses ya extintos; recuérdales las noches en que te prometieron edades enteras, en que te abrasaron sin clemencia. Toma, en esta quietud, tu propia mano. Aférrate a la misma desolación que tu mirada exuda. Hazle saber al indiferente firmamento que lo miras de forma irreprochable, manteniendo las palabras grabadas y aun así olvidadas, las palabras altivas, las palabras ya muertas en todas las memorias. Recen ahora los cielos por olvidar tus dolores; recen por perdonar tus semillas.
Comienzan a arder los espesos nubarrones, justo bajo estas estrellas, justo bajo su tierna indolencia. Nacen destinos al tiempo que mueren los caminos; pero aquí nos encontramos, sedientos todavía de la terrible tormenta que sin piedad atenta, trueno a trueno, contra la tenue humedad de nuestros vívidos e imperdonables desiertos.



Buen escrito, muy interesante. Saludos
Muy buena reflexion. Saludos
Muy buen dominio del lenguaje descriptivo. Gracias por ofrecerlo.