Amanecía, la plaza comenzó a llenarse con el ir y venir de las personas, los destellos fulguraban derrochando vida. En un extremo, dos hombres en silencio celebraban un ritual que notoriamente les era desconocido. Un poco de maquillaje, color, unas pelucas raídas y ya estaban dos payasos que cualquiera adivinaría la falta de química entre ellos. Un chiste, una canción, un malabar y al final, el más viejo recorría la multitud esperando recibir unas monedas en el sombrero. De tanto en tanto revisaba el contenido, y desilusionado lanzaba una mirada que el joven interpretaba como el aviso de trabajar más duro. Atardecía y por fin la mirada del más viejo reflejaba la satisfacción de la jornada, sin dar tiempo a nada, ambos tomaron sus cosas y emprendieron el camino. En el transporte algunos los veían con una mezcla de desconfianza y gracia. Ya había anochecido cuando llegaron al gran hospital, entraron aun maquillados y cruzaron la sala de emergencias ante el asombro de los “pacientes”. En el pasillo familiares se
tranquilizaron al verlos llegar, eran humildes, eso se notaba al verlos, pero el más joven entró en la habitación sin apenas reparar en ellos, adentro, un hombre de traje lo saludo al tiempo que recibía del más viejo el sombrero con las monedas, apenas lo contó y llamó a otros dos hombres vestidos de igual manera quienes al entrar, empezaron a sustraer cosas de sus respectivos maletines. El hombre de traje le acercó unos papeles y una pluma al más joven pero este, antes de revisarlos, giro sobre sí para tocar el cadáver de su hijo que yacía en la cama, mientras los hombres de negro lo preparaban.
Un largo día
4 Comentarios



Un micro estrujante, Jesus. Felicitaciones y mi voto
Gracias amigo, de verdad muchas gracias por tomarte el tiempo de leer.Saludos
Jesús Antonio Torres Díaz: tu narración me ha provocado la misma sensación que a nuestro amigo Vimon.
Felicidades (Un poco tarde, pero va mi voto)
Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)
Jesús, buena combinación de ironía con tragedia. Me gustaría leer más de tus escritos. Tienes mi voto y te seguiré también.
Saludos,
Rafael Baralt