Al final de la delgada línea que recorría el patio de norte a sur, a la sombra siempre y a merced de la suave brisa, se encontraba un sólido taburete de madera, que mostraba orgulloso las brillantes y oscuras cicatrices de la edad y la costumbre. Allí se sentaba día tras día el respeto, la sonrisa permanente de la sabiduría que solo otorgan los años, con su canoso y escaso pelo cubierto continuamente por aquel familiar sombrero de fieltro gris y cinta negra, que al encajarlo dejaba ver la clara sombra que limitaba las caricias de un Sol benévolo pero constante. Siempre había formado parte de aquel paisaje, su imagen se había fundido con el reluciente y blanco muro que le servía de marco, junto a la gruesa puerta de vieja Tea que daba paso a la eterna tienda de aceite y vinagre. Sus gruesas manos hinchadas por el trabajo y el tiempo hablaban de una vida dura al servicio de la tierra y sus inviernos, era la palabra justa y la sonrisa correcta, el alivio del niño que tropezaba, el oído atento para las innumerables penas, la caricia de la soledad ajena, era el ladrillo que soportaba todo el peso, la caña que se doblaba al viento.
Y todo cambió lentamente, unos estudiaron, otros amaron, algunos marcharon e incluso unos pocos desaparecieron pero todos, todos crecimos, eso es, todos menos él, él continuaría enganchado para siempre de los adoquines de aquel patio en algún rincón del recuerdo con su dulce y sereno tono de voz, en una blanca nube de confusa infancia. Nunca oímos que partiera, nunca le preguntamos por sus deseos, por sus sueños y en cambio siempre formó parte de los nuestros, nunca nos pidió nada y siempre tuvimos su consejo.
Hoy al pasear sobre aquellas viejas piedras que han perdido su presencia, he querido preguntarle por su vida, agradecerle su existencia y por respuesta solo he logrado ver un viejo taburete, maltratado por la lluvia, tirado por los suelos, un tierno momento lleno de recuerdos…



Que tarde reconocemos aquellos valores que alguna vez tuvimos y no alcazamos a valorar, hoy tras una vida de tropiezos recién nos damos cuenta de lo que fue.
Hermoso relato Toni.
Un abrazo.
Que bonito!
Un relato sentido, nostálgico, construido con una gran delicadeza y con mucho mimo al detalle. me ha provocado una profunda emoción y al leer el último párrafo me estremecí y un escalofrío me recorrió. Con tus letras me trajiste recuerdos a la mente.
Muchas gracias por las emociones que tu texto y tus palabras me han arrancado. Sólo quien escribe desde dentro puede transmitir tanto.
Saludos,
Muy buen relato, Toni, lleno de nostalgia. Un abrazo y mi voto.