Una dosis de inspiración
24 de Mayo, 2012 7
10
     
Imprimir
Agrandar Tipografía

Escribir, borrar, escribir, tachar; pensar, razonar, imaginar, volver a escribir. ¿Qué pasa? ¡Le es imposible concentrarse! Las ideas aparecen y desaparecen una tras otra, las letras se revelan y no quieren ordenarse; los nervios comienzan a hacer acto de presencia.

Un largo respiro y vuelve a intentarlo en vano. Pasan las horas y en la hoja todavía no figura algo siquiera legible. Un recreo; una gran taza de café, unos bizcochos y el diario. Música de fondo, una caminata por el patio. Se agota el tiempo y aún no logra avanzar.

Comienza a dar vueltas por la sala cada vez más impaciente; sumida en sus pensamientos no se percata de que alguien ha entrado.

—Ya llegué, amor.

Y con esa simple frase todo se arregla; las ideas quedan fijas, las palabras se dejan domar con facilidad, todo regresa a su lugar. Sin contestar al escueto saludo corre a sentarte y escribe sin parar.

Él es su musa. ¿Qué sería de ella, pobre intento de escritora, si él no estuviera cerca?

7 Comentarios
  1. detrás de una gran mujer, siempre hay un gran hombre pues? :)

    • Gracias por sus comentarios; es cierto, creo que el amor (no importa si es “lindo” o no) es la musa mayor :)

  2. Me ha gustado mucho tu microrrelato, te voto.

  3. Es cierto, Niza, las musas (y los musos) son muy importantes para el escritor. La mia es la Decima Musa. Un abrazo y mi voto.

  4. Que bonito ese desasosiego en espera del amado. muy chulo. Voto!

  5. Felicidades; cada quien tiene su musa, y la tuya, es el amor; o mejor dicho, el amor el la musa de todos los escritores.
    Volivar

  6. Niza: un saludo. Espero que te llegue, si es que los de Falsaria no siguen en su tarea de borrar todo lo que comento.
    Atentamente
    Volivar

Deja un comentario