Cuando mi amigo Felipe sea un violinista famoso, sus biógrafos acaso omitirán por desconocimiento la anécdota que paso a relataros: Felipe había conseguido ser el primero de la promoción; su fraseo imposible, su afinación perfecta y su mágico toque de arco no eran igualables por parte de sus compañeros. Su vida de estudiante dedicado a la música le mantenía apartado de otras actividades habituales en los jóvenes de su edad: el fútbol, las chicas, los juegos de ordenador; pero ello no le había librado de la tiranía del amor: sentía una fuerte atracción por nuestra amiga Sofía, que a su vez había sido la primera de la promoción en la especialidad de piano. Al cabo de unas semanas de indecisión, Felipe me confesó que había decidido abordarla a la salida de clase para entablar conversación con ella. El día elegido esperó a la puerta de la academia y, al verla, caminó hacia ella pero Sofía se dirigió sonriente a otro joven que también la esperaba y lo abrazó cariñosamente. Felipe se retiró con cierto malestar y mantuvo la compostura, aunque supongo que aquella tarde, cuando practicaba en casa, el fuego de su Paganini iría acompañado de cierta rabia.
Días después se celebró una fiesta de fin de curso en la academia. Estudiantes y amigos nos citamos para celebrar el comienzo del verano. Hacia el final de la fiesta alguien pidió a Sofía que se sentara al piano y nos deleitara con su arte; muchos insistieron y Sofía accedió con la condición de que Felipe tocara a dúo con ella. Así lo hicieron y comenzó la música. Aquello fue un milagro, ambos tocaron a velocidad endiablada pero manteniendo en todo momento un tempo impecable; Sofía improvisaba complejas cadencias y Felipe las adornaba en contrapunto con rápidas semifusas, improvisadamente, como si conociera la melodía de antemano. La interpretación acabó con un fortísimo que fue enmascarado por los fuertes aplausos de quienes presenciamos la escena. Envueltos en la algarabía, Sofía y Felipe permanecieron quietos mirándose en un serio silencio. Por fin Sofía se levantó y preguntó: “¿Cómo lo has hecho?”. Felipe respondió con un ambiguo: “No hago más que seguirte”; después se retiró a guardar su violín. Sucedió que el novio de Sofía se acercó a él y le felicitó por su actuación. Felipe le respondió: “Tú te podrás casar con Sofía pero nunca estarás unido a ella en la forma en que yo acabo de estar”. Acto seguido se marchó de la fiesta en dirección a un futuro de éxito seguro. Mientras salía, Sofía le seguía con la mirada.




Un relato muy interesante que seguramente esta arrancado de la vida real, no? Un saludo y mi voto.
Gracias por tu comentario vimon. Efectivamente, has acertado, se trata de una experiencia propia que he querido contar en forma de relato. Gracias de nuevo y saludos!
Antoniosib: amigo, con este relato me doy cuenta que sabes de música clásica.. de compositores, de fusas y semifusas… y esas cosas. Te felicito, y además porque has sabido elaborar este cuento tan agradable. Mi voto
Muchas gracias volívar. Me alegro de que sigas con nosotros. Un saludo!
Un relato de mucha fuerza y realismo, y seguro que esa chica no olvidará nunca la primera vez que hizo el amor.
Gracias amigo me ha emocionado muchísimo.
Un saludo, me gustó.
Gracias a ti Amérika por tu amable comentario.
Acabo de visitar tu blog, te doy mi enhorabuena por su elegancia y sus excelentes contenidos. Me lo guardo en Favoritos. Un saludo!