Ni sabía lo que era el dubstep pero ella sólo era dubstep. Cada centímetro de su piel se desnudaba con un desorden ruidoso y sin envoltorios, cientos de gritos, un estallido y consecuencias, pero con soltura y ritmo perfecto, semi-salvaje, semi-erótico, semi-convulsivo, semi-estoy-a-punto-de-morirme-ahora-mismo-pero-prometo-no-hacerlo-de-momento.
Entre su cirrosis y su sobredosis, éxtasis con Brugal, polvos fáciles, facilones, puntos suspensivos a la mañana siguiente, sin comas para respirar, otro aparte en su vida, así siguió, un largo etcétera y terceras partes peores que las segundas.
Su odio hacia sí misma, y sólo eso.
…
Os juro que sólo eso. Rompía motos por la calle.
Bailaba y se amarraba, les volvía locos, la miraban como desnudándola, enfermos, y yo llegué y la miré como pensando en lo bonito que sería verla en la cama a la mañana siguiente llevando tan sólo una camiseta mía y decirle un “me tengo que largar”. Pensar en ella al salir de su portal fumando un pitillo, camino de la vergüenza, endulzar los malos momentos.
Un día se despertó y decidió que nada merecía la pena.
Insomnio y contracciones, cientos de gatos pequeños la acorralaban, se desnudaba y gemía, se masturbaba sin llegar tan siquiera a quererse a sí misma.
Pero yo la miré así, y sólo hice eso, y luego tan sólo vino ella, y yo simplemente me fui al día siguiente, alejándome de su desorden. Y entonces todo ese ruido se hizo música




Eloy: un micro para disfrutarlo.
Gracias por compartirlo con tus lectores.
Mi voto
Volivar
Me quedo con tu última frase, es el resumen del texto!!. Un abrazo!!