Y pisa el lagar del vino del furor
careta-caucho-hombre

Contemplaba impávido cómo descorchaba aquel Marqués de Arienzo. Un crianza de 2004. Un caldo con cuerpo y cierto carácter afrutado (a veces me preocupo, lo mío es la enología).

Ese hombre de bigote y sombrero sabía bien lo que pedía. Un buen caldo, sin llegar a excepcional, para una buena mesa. Los demás clientes aplaudimos, en silencio, la estelar actuación. Lo normal en lares de ambiente tan selecto, es la inalterabilidad. Todo el mundo sabe todo de todos. Éramos habituales en aquel local. Todos, menos el hombre del bigote.

Aquel caballero volvió a reclamar la atención del camarero. Pidió que se acercara. Le susurró una frase en un volumen lo suficientemente bajo como para que los presentes pudiéramos, aún, escucharla.

‘Y pisa el lagar del vino del furor’.

Acto seguido, el camarero llevaba un botellín de fanta de limón sobre la bandeja. Aquel presunto entendido sabía que estaba condenado.

 

CxF

 

3 Comentarios
3 Comentarios
  1. ¡Bienvenido a Falsaria!

    Gracias por publicar en la red social literaria.

    Un saludo,

    El equipo de Falsaria.

  2. Está muy bien, me ha parecido gracioso.

  3. Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Este está genial.

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