¡Oh juez!
27 de Abril, 2012 4
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Había pasado horas sentado en una silla de esparto, agotado, pensando en su pasado y mesándose el pelo. Estaba ciego. Su celda era oscura y húmeda, el calor sofocante y el ruido afuera ensordecedor. Se abrió la puerta; el ruido se hizo más fuerte; dos guardianes entraron, lo levantaron de la silla y lo sacaron a empujones hacia el exterior. Ya el tumulto lo rodeaba, lo asfixiaba en medio de la completa oscuridad. El gentío lo insultaba y se burlaba. Tropezó con una columna y se abrazó a ella. Y así permaneció un rato, su mejilla apoyada contra la piedra arenisca que lo acariciaba, sus brazos rodeando en sueños a su amada lejana, sus ojos inútiles abiertos hacia el vacío. Por encima de los gritos escuchó una voz amiga: “Oh juez, tu libertad nos ha abierto caminos”. Las lágrimas inundaron sus ojos, la paz llenó su corazón y sintió que todo estaba en orden, su misión cumplida y su hora llegada. Un último pensamiento para su infiel amada, un último recuerdo para su lejana patria, un beso de amor lanzado al aire para su familia y un perdón a aquel gentío que vivía en una oscuridad aún mayor. Sansón apoyó sus manos en sendas columnas, empujó con su ciclópea fuerza a ambos lados y hundió el templo entero sepultando a todos los que allí se encontraban.

4 Comentarios
  1. Me imagino que esto sucedio antes de que la infiel Dalila le cortara los rizos, no? Buen relato Antonio, te mando mi voto y un saludo.

    • Vimon, esto ocurre después de que los cabellos volvieran a crecer. De hecho Sansón muere con el templo. Muchas gracias por tus escritos.

  2. Buena interpretación histórica. Perfectible, como todo texto, pero mantiene la tensión hasta el final.
    Va mi voto y un saludo :)

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