Anita (la negra), o a veces Anita, también Anitalanegra o Lanegraanita, no había escuchado su nombre adjetivado ni sujeto a tantas variaciones hasta que cruzó esa frontera e ingresó al País del Eterno Retorno. Hasta entonces había sido simplemente Anita, en algún caso especial Ana. Al principio lo tomó como tomaba casi todo en la vida, con aceptación cansina tras un encogimiento imperceptible de sus anchos hombros, que cargaban toda su casa a cuestas, lo cual terminaba siendo menos de lo que uno pensaría. El único que sintió ese movimiento subterráneo entre sus músculos osificados fue el pobre Panchito, para quien su madre era el mundo entero, que no podía llegar a ver por completo desde su posición trasera, izado en un revoltijo de telas que lo aseguraban y sólo le permitían intuir de su progenitora ciertos movimientos, los apuros y los frenos, y los suspiros que a veces se le escapaban cuando solo Panchito escuchaba. Uno de esos suspiros llegó cuando, después de la revisación exhaustiva del oficial de frontera, en la que perdió una que otra moneda, debió tirar las manzanas que llevaba envueltas bajo uno de los pliegues (multidimensionales) de su pollera, adquirió más de un apodo y soportó estoicamente sin decir palabra el careo y la apertura de sus múltiples bolsas, sin decir palabra, solo presentando su documento, que como un santo y seña de la Inquisición le permitía el paso irrestricto pero no carente de obstáculos, a la tierra de la abundancia y de la falta, esperando recibir más de la primera dádiva y menos de la segunda.
Así llegaron Anita y Panchito, y también la negra, que, más que una sombra pero menos que un fantasma, los siguió el resto de su travesía y ya no los abandonaría, como los perros fieles o las maldiciones.
CxF



¡Qué bueno! Trasladas al lector al lugar y a la atmósfera en los que ocurre tu relato.
Gracias! Es el primero de una serie de capítulos cortos (tipo e-folletín) que intenta reflejar (más o menos alegóricamente), ciertas realidades socio-políticas de Argentina, intentando evocar lo lúdico de Lewis Carroll, el ritmo de un DeLillo y los diálogos de Tom Wolfe, o canalizando a Hunter S. Thompson en su lisérgica lectura de la realidad, no por ello menos hiriente y certera.
Ya vendrán los próximos, espero que te gusten…
Estoy esperando el capitulo 2!!!
Una lectura rápida, sin descanso, de una realidad común en América latina.
Ya te habíamos descubierto en 11 “Disquisiciones sobre la mente femenina (1) – Spider-man en mi balcón” y ahora esta maravilla. COmo dice alguien por acá: QUremos la segunda parte, no podes dejarnos así…
“Así llegaron Anita y Panchito, y también la negra, que, más que una sombra pero menos que un fantasma, los siguió el resto de su travesía y ya no los abandonaría, como los perros fieles o las maldiciones.”
Bueno!!
Me ha gustado. Como dice Paloma, trasladas al lector al lugar… Estaré pendiente de la continuación de esta travesía.
¡¡Estupendo me ha encantado!!