Anita On the Road (3)
14 de Septiembre, 2011 3
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coya

El suave deslizamiento del vehículo sobre la ruta era apenas interrumpido por algún tramo rotoso, que zarandeaba el auto pero que a Anita no le alteraba el sueño en lo más mínimo, acostumbrada a dormirse en lugares insospechados y abundantes en ruido y zozobras. Panchito dormía sobre su pecho, aparentemente contento después de los primeros minutos de incertidumbre. Nunca había estado en ningún lugar más fresco que la temperatura ambiente típicamente absurda de su tierra y del camino, así que era lógico que se sintiera como un charco de helado en el fondo de un pote que de repente empieza a endurecerse y redescubre su objetivo en el universo, que ni era consciente de tener. O algo así, ya que en los sueños de Panchito su relación con los lácteos era menos pasteurizada y tercerizada, en beneficio de un contacto, digamos primal, con su fuente más cercana del material.

En algún momento indistinguible del anterior, Anita se sacudió, dispuesta a cumplir con su parte del trato. Su sentido moral le impedía seguir disfrutando de algo tan bueno sin saber cómo y en qué medida lo pagaría. Mejor sacarse de encima el hecho en cuestión y así poder seguir descansando lánguidamente.

—¿El mate? —preguntó, lacónica.

La mujer le pasó el bolso con los indispensables del viaje (galletitas yerba azúcar termo edulcorante toallitas de papel linterna) y Anita dejó a un lado a Panchito, acunado en el interior de uno de sus bolsos (cumpliendo así con el segundo de sus usos múltiples, es decir, el de cuna).

Mientras preparaba la infusión, el conductor decidió entablar conversación, probablemente aburrido de hablar con su esposa por lo que debían haber sido ya varios días de viaje (no había ningún lugar válido del que hubieran podido salir dos personas así en muchos kilómetros a la redonda, así que debían haber viajado bastante, supuso no sin cierta astucia deductiva fruto de su sentido casi supernatural de observación cautelosa), así que Anita se aprestó a una sesión de interrogación insípida y unilateral.

—¿Por qué va para allá, señora?

Anita se asombró de que no le preguntara de donde venía, pero reflexionando sobre esa pregunta más tarde se dio cuenta de que el hombre debía tener sus propias dotes de deducción. Pero en ese momento, rompió su regla no escrita al excederse en el uso de polisílabos.

—Me dijeron que iba a estar mejor ahí que allá.

—Mmm… no la quiero desmotivar, pero no creo que le resulte fácil. Aunque me parece que usted ya está acostumbrada a que las cosas sean difíciles.

Anita no lo contradijo, en parte porque tenía razón en algunos aspectos y en parte porque los aspectos sobre los cuales estaba equivocado eran cosas sobre las que ella no quería hablar, y si se viera forzada a hacerlo, el viaje se convertiría en instantes de un viaje inesperado en una carroza mágica a una travesía incómoda y eterna.

—¿Tiene alguien que la espere?

—No —admitió.

—Entonces sí que no va a ser fácil.

El silencio se elevó a niveles insoportables. Algo le decía a Anita que a este hombre extraño le importaba por algún motivo el que ella estuviera en la situación en la que estaba. Quizás fue la mirada sostenida que cruzaron el hombre y su mujer, pero unos minutos más tarde, la cabeza de ella se asomó por el borde de su asiento como un espíritu incorpóreo, trayendo esperanza.

—Cuando lleguemos, la vamos a llevar a lo de una amiga, que tiene un hogar para mujeres como usted.

—¿Como yo?

—Sí, en su situación… ella la va a ayudar.

El alerta de desconfianza de Anita se disparó, pero rápidamente cedió. No había nada que pudieran quitarle, pensó, a ella que no tenía nada. Aún si intentaban aprovecharse de ella de alguna manera, lo más probable es que aún por su cuenta la gente intentara aprovecharse de ella, o aún peor, ignorarla, así que aceptó la propuesta sin decir nada, mediante el gesto de devolver el mate ya cargado, y volvió a dormirse, pensando en salas enormes de descanso con sofás de cuero y aire artificial.

 

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CxF

 

3 Comentarios
  1. Me gusta mucho tu manera de escribir… pero esperaba un final más concreto, más cerrado. Creo que este no lo he entendido bien. Aunque la vida no tiene un final ni más concreto ni más cerrado que cuando uno se muere, claro. Supongo que no lo he entendido.

  2. Es que la historia continúa! No es el final, apenas el principio, me faltan unas 15 entregas más que iré escribiendo y subiendo semanalmente.
    :D

  3. Aaaaaahhhh! Pensé que terminaba así. Buena noticia, entonces. Estaré muy pendiente de ir leyendo las siguientes entregas.

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